Revised Common Lectionary - Daily Readings

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Novela «El Terror de Alicia» Autor: Miguel Ángel Moreno Villarroel

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Vigésimo quinto domingo después de Pentecostés - ¡Oh, Señor Jesús, te ofrendo mi vida!



10 de noviembre 2024

Vigésimo quinto domingo después de Pentecostés.

Pastor: Miguel Ángel Moreno Villarroel

Lecturas: Salmo 146; 1 Reyes 17:8-16; Hebreos 9:24-28; Marcos 12:38-44

Tema de hoy: ¡Oh, Señor Jesús, te ofrendo mi vida!

Nuestra reflexión para el día de hoy, vigésimo quinto domingo después de pentecostés, está basada en el pasaje del evangelio que se encuentra en: San Marcos 12: 38-44 y sobre el mismo podemos reflexionar lo siguiente:

El ser maestro de la ley constituía un orgullo muy grande dentro de la sociedad de esa época; mas Jesús nos enseña que la vida del pastor, dirigente o maestro cristiano debe ser una vida de servicio al prójimo, distinta al ánimo de ser altivo o sacar beneficios de los demás. En este pasaje bíblico seleccionado para hoy vigésimo quinto domingo después de pentecostés, Jesús hace evidente la hipocresía de sus enemigos, que usaban ropaje de ostentación para ser saludados con honores en los sitios públicos. Estos líderes tenían sitios de uso exclusivos en los templos, teniendo como respaldos el arca en que se colocaban los rollos con los textos sagrados, para de esta manera quedar muy visibles ante todos. Y, por supuesto, ocupaban plenamente los sitios de relevancia en los banquetes. ¡Qué jactancia y qué narcisismo! Pero aún había más basura en sus vidas ya que, se servían de la pobreza de las viudas, tapando esa iniquidad con la vociferación, para ser oídos por todos, de extensas oraciones y de este manera aparentar el ser santos ante los ojos de sus seguidores; pero, más bien lucían como unos pobres y miserables santurrones.

Así mismo, en la actualidad, se pueden encontrar con profusión, los llamados seudo líderes o seudo cristianos a quienes les haría muy bien el leer Mateo 23:1-36, en donde se despliega todo un abanico de las ofensas de los escribas y fariseos, que podían pretender burlar a los hombres, pero no a Dios.

Podemos decir que así transcurrieron las últimas horas de Nuestro Señor Jesucristo en el templo.

Los conocedores consideran algo extraño que, este tiempo lo pasara Jesús sentado en el patio de las mujeres, en donde a saber, las ofrendas eran acumuladas en trece recipientes en forma de cuernos.

Mientras eso acontecía, Nuestro Señor Jesús miraba dentro del corazón de los que venían a adorar.

Hoy en día, Jesús examina también el corazón de todos los que confiesan con el Credo Apotólico: “Creo en Dios Padre Todopoderoso… y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.” ¿Lo decimos en verdad de corazón? ¿Así lo testifican nuestras ofrendas de: dedicación de tiempo, de nuestros talentos y de dinero?

Como en el caso del joven rico que se fue triste porque eran muchas sus posesiones, muchas veces, la ofrenda es la verdadera prueba de la fe.

La gente adinerada suele ofrendar mucho. Jesús no dice que sus ofrendas no fueran bien recibidas por Dios o no fueran en absoluto necesarias; lo que quería que sus discípulos y nosotros tuviéramos presente es que, las ofrendas son aceptables sólo si provienen de corazones llenos de amor y confianza. Esta viuda era de forma muy especial, un ejemplo evidente de las dos virtudes señaladas.

La condición de que ella fuera viuda hace de este episodio final algo dramático y conmovedor.

Si recordamos, anteriormente Jesús había terminado de hablar acerca de los que devoran las casas de las viudas.

¿Estaban algunos de estos entre los adinerados que eran abundantes en ofrendas?

Lo más probable es que sí.

Comparada con lo que daban los ricos, la ofrenda de la viuda era insignificante; equivalía a 1,56% del salario diario de un trabajador en ese tiempo.

El sueldo de ese tiempo histórico no se puede equiparar al de un empleado de nuestra sociedad actual.

Por ello, consideramos que la ofrenda de la viuda era una minúscula porción.

Pero ante los ojos de Nuestro Señor Jesucristo lo dado por la viuda no fue una minucia; por eso se reunió con sus seguidores y procedió a enseñarles una doctrina que nosotros también debemos aprender y poner en práctica; les dijo que la viuda había aportado mucho más que ningún otro de los que estaban ahí.

Él lo supo, no porque le hubiera preguntado a la viuda, sino porque siendo el Hijo de Dios, Dios mismo y omnisciente, podía ver dentro del corazón de las personas.

Dios, el Hijo, sabe mucho más de lo que podemos conocer acerca de nosotros mismos.

¿Por qué dijo Jesús, «les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros que echan dinero en los cofres?»

Porque ella había dado todo lo que tenía. De esa forma estaba realizando un acto de fe y de adoración a Dios.

Ahora bien, eso es lo que significa ser un verdadero discípulo de Cristo.

El Señor mide nuestras ofrendas por el espíritu con que las damos.

Sus palabras no nos exigen que vaciemos nuestras cuentas bancarias, manteniendo a pastores o dirigentes abusadores y estafadores de la fe, sino que nos invita a darnos a él.

Comenzando con ese paso, nuestras ofrendas para su ministerio también serán generosas, y nuestra vida vendrá a ser una mayordomía auténtica.

Oremos:

Amantísimo Padre celestial, solamente te rogamos, que tú nos hagas mantener la humildad de adorarte y que siempre ofrendemos para tu causa, según nos guíe el Espíritu Santo.

Amén. Dios los bendiga, y recuerden. ¡¡Sólo Dios Salva!!

 

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