22 de febrero de 2026
Primer Domingo en Cuaresma.
Director del servicio: Emilio Jesús Moreno Rojas
Lecturas: Salmo 32; Génesis 2:15-17; 3:1-7; Romanos 5:12-19; Mateo 4:1-11
Título: El Segundo Adán: Victoria donde nosotros fallamos
Gracia, misericordia y paz sean a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
El Huerto y la Prohibición (Génesis 2 y 3)
La historia de la humanidad comienza en un jardín de abundancia, pero rápidamente se traslada a la sombra de un árbol. Dios, en su bondad, dio al hombre libertad, con un solo límite: "del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás". No era una trampa, sino una oportunidad para que el hombre viviera en obediencia gozosa y confianza hacia su Creador.
Sin embargo, la serpiente no atacó con fuerza bruta, sino con la duda. "¿Conque Dios os ha dicho...?". El pecado no comenzó con el mordisco a la fruta, sino con la desconfianza en la Palabra de Dios. Adán y Eva quisieron ser como Dios, definiendo por sí mismos lo que es bueno y lo que es malo. Al hacerlo, la muerte entró en el mundo. El resultado no fue la divinidad, sino la vergüenza, el miedo y las hojas de higuera para cubrir una desnudez que la ley de Dios ahora exponía.
La Herencia de la Muerte (Romanos 5)
San Pablo nos dice en Romanos que por un solo hombre entró el pecado, y por el pecado la muerte. Esta es la doctrina del Pecado Original. No somos pecadores porque pecamos; pecamos porque somos pecadores. Estamos bajo la sentencia de Adán. Si nos miramos al espejo de la Ley, vemos a personas que, al igual que nuestros primeros padres, dudamos de la bondad de Dios cuando las cosas van mal y buscamos nuestra propia gloria.
El Desierto y la Victoria (Mateo 4)
Pero aquí es donde el Evangelio brilla en la oscuridad. El Espíritu conduce a Jesús al desierto. Noten el contraste:
Adán estaba en un jardín perfecto; Jesús está en un desierto árido.
Adán estaba saciado; Jesús tenía hambre tras cuarenta días de ayuno.
Adán falló ante una serpiente; Jesús vence al Diablo.
Satanás usa la misma táctica: "Si eres Hijo de Dios...". Intenta separar a Jesús de su identidad bautismal y de la confianza en su Padre. Pero Cristo no negocia, no duda. Él responde con la Sola Scriptura: "Escrito está".
Jesús resiste donde nosotros cedemos. Él es el Segundo Adán. Él vino a recapitular la historia humana, a vivir la vida de obediencia perfecta que nosotros no pudimos vivir y a enfrentar la tentación con una fidelidad absoluta.
La Justicia Imputada (El Centro del Evangelio)
El mensaje de hoy no es simplemente: "Sé valiente como Jesús ante la tentación". Si ese fuera el mensaje, sería pura Ley y nos dejaría desesperados, porque sabemos que fallamos a diario.
El Evangelio es este: La victoria de Jesús en el desierto es tu victoria. En el "Feliz Intercambio" (como decía Lutero), Cristo toma nuestra desobediencia y nosotros recibimos su justicia. Romanos 5:19 es la clave: "así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos".
El Consuelo del Perdón (Salmo 32)
Cuando caemos, cuando la serpiente nos engaña y sentimos el peso de nuestra culpa, no tenemos que escondernos entre los árboles como Adán. El Salmo 32 nos da la salida: "Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada... Mientras callé, se envejecieron mis huesos".
La confesión no es para informar a Dios de algo que no sabe, sino para vaciar nuestras manos de nuestras "hojas de higuera" (nuestras propias obras) y recibir el manto de la justicia de Cristo.
Conclusión
Querida congregación, en este tiempo de Cuaresma, miremos a Cristo. Él enfrentó el hambre, la soledad y la tentación más feroz por ti. Él fue al desierto para que tú pudieras heredar el Paraíso. La muerte reinó desde Adán, pero ahora la Gracia reina por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, nuestro Señor.
Tus pecados están perdonados. Tu victoria no depende de tu fuerza para resistir, sino de la victoria de Aquel que ya venció al tentador en la cruz.
Que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Amén. Dios los bendiga, y recuerden. ¡¡Sólo Dios Salva!!


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