Translate This Blog

Novela «El Terror de Alicia» Autor: Miguel Ángel Moreno Villarroel

Novela «El Terror de Alicia» Autor: Miguel Ángel Moreno Villarroel
Disponible en Amazon Kindle - Presiona sobre la imagen

Primer Domingo después de Epifanía - «Este es mi Hijo amado»



11 de enero de 2026

Primer Domingo después de Epifanía.


Director del servicio: Emilio Jesús Moreno


Lecturas: Salmo 29; Isaías 42:1–9; Hechos 10:34–43; Mateo 3:13–17


Tema de Hoy: «Este es mi Hijo amado»


Introducción

Amados en Cristo: en el Primer Domingo después de Epifanía, la Iglesia contempla una de las más claras manifestaciones de quién es Jesús y para qué ha venido. Epifanía significa revelación, y hoy esa revelación ocurre a la orilla del Jordán. No encontramos espectáculo ni gloria terrenal, sino al Hijo eterno de Dios haciendo fila entre pecadores. El Bautismo del Señor es una epifanía trinitaria: el Padre habla, el Hijo se humilla y el Espíritu desciende. Aquí Dios se revela tal como es para nosotros: no como un juez distante, sino como el Salvador que entra en nuestras aguas para rescatarnos.

Hermanos: las lecturas de hoy nos colocan a la orilla del Jordán. Allí no encontramos espectáculo ni gloria terrenal, sino al Hijo eterno de Dios haciendo fila entre pecadores. El Bautismo del Señor es una epifanía: Dios se revela tal como es para nosotros. No como un juez distante, sino como el Padre que habla, el Hijo que se humilla y el Espíritu que desciende. Aquí vemos quién es Dios y cómo actúa para salvar.

La voz poderosa del Señor (Salmo 29)

El Salmo 29 nos prepara el oído. “La voz del Señor” resuena sobre las aguas; su voz es poderosa, majestuosa, creadora. Esa misma voz que en el principio dijo “Sea la luz” ahora vuelve a oírse sobre las aguas del Jordán. No es casualidad. Dios crea y recrea por su Palabra, y lo hace mediante el agua unida a su voz. El salmo termina con una promesa: “El Señor bendice a su pueblo con paz”. No con miedo, no con confusión, sino con shalom: vida restaurada. En el Bautismo del Señor, esa paz empieza a desplegarse para el mundo.

El Siervo escogido (Isaías 42:1–9)

Isaías anuncia al Siervo del Señor: escogido, sostenido, en quien Dios se complace. “No gritará, ni alzará su voz… no quebrará la caña cascada”. Así actúa Dios. El Mesías no llega aplastando, sino levantando; no apaga el pábilo que humea, sino que lo aviva. Y su misión es clara: traer justicia, ser luz para las naciones, abrir ojos ciegos y sacar a los cautivos.

Cuando el Padre declara en el Jordán: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”, Isaías se cumple ante nuestros ojos. Jesús es ese Siervo. Pero la justicia que trae no es primero una reforma social ni un programa moral; es la justicia de Dios que justifica al pecador. Es una justicia que se recibe como don.

Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34–43)

Pedro confiesa ante la casa de Cornelio algo revolucionario: “Dios no hace acepción de personas”. El Evangelio no es propiedad de un pueblo, una cultura o una clase. Jesús es Señor de todos. Pedro resume la vida, muerte y resurrección de Cristo y añade: “De este dan testimonio todos los profetas: que todos los que en él creen reciben perdón de pecados por su nombre”.

Obsérvese el centro del mensaje apostólico: perdón de pecados. El Bautismo del Señor apunta a esto. Jesús no necesita arrepentirse, pero se coloca donde nosotros debemos estar para cargar con lo nuestro. Así se abre el camino para que el perdón llegue a judíos y gentiles, a cercanos y lejanos, a nosotros hoy.

Jesús en el Jordán (Mateo 3:13–17)

Mateo nos narra el escándalo santo. Juan se resiste: “Yo necesito ser bautizado por ti”. Jesús responde: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia”. ¿Qué justicia es esta? No la justicia que nosotros producimos, sino la justicia que Dios cumple por nosotros.

En el Jordán, Jesús intercambia lugares con los pecadores. Él entra en nuestras aguas para que nosotros entremos en su vida. Allí el cielo se abre. El Espíritu desciende como paloma. El Padre habla. La Trinidad se revela no en abstracción, sino en acción salvadora. Dios se compromete públicamente con nosotros en su Hijo.

Cristo se solidariza con los pecadores

El Bautismo del Señor es el primer paso visible hacia la cruz. El que se sumerge en el Jordán será sumergido en nuestra muerte. El que escucha la voz del Padre será silenciado en el Calvario para que nosotros escuchemos palabras de perdón. Aquí comienza el camino del Siervo sufriente.

Esto nos guarda de dos errores comunes. Primero, pensar que el cristianismo es principalmente un llamado a mejorar. Segundo, creer que Dios nos ama cuando demostramos ser dignos. El Jordán dice lo contrario: Dios ama primero, se acerca primero, carga primero.

Nuestro bautismo en Cristo

Desde una perspectiva luterana, confesamos que el Bautismo no es obra nuestra, sino de Dios. No es símbolo vacío, sino medio de gracia. Porque el mismo Dios que habló sobre las aguas del Jordán habla hoy en su Palabra unida al agua. En el Bautismo, somos unidos a Cristo, a su muerte y a su resurrección.

San Pablo dirá que hemos sido revestidos de Cristo. Así, lo que el Padre dijo de Jesús, por gracia, ahora lo dice de quienes están en él: “Hijo amado”. No porque lo merezcamos, sino porque estamos cubiertos por Cristo.

Vivir desde el Bautismo

¿Qué significa esto para la vida diaria? Significa arrepentimiento continuo y fe. Volver cada día al Bautismo es morir al viejo Adán y resucitar a una vida nueva. No una vida sin luchas, sino una vida sostenida por la promesa.

Cuando la conciencia acusa, el Bautismo responde. Cuando el mundo niega valor, el Bautismo afirma identidad. Cuando el pecado parece tener la última palabra, el Bautismo proclama que pertenecemos a Cristo.

La misión que fluye del Jordán

El Siervo es luz para las naciones. Así también la Iglesia, nacida del agua y la Palabra, es enviada. No con gritos ni imposiciones, sino con el testimonio fiel de Cristo crucificado y resucitado. Como Pedro, confesamos que todo el que cree en él recibe perdón de los pecados.

Nuestra misión no es ofrecer opiniones religiosas, sino entregar a Cristo. No confiamos en técnicas, sino en la voz del Señor que sigue siendo poderosa.

Oremos

Amados hermanos, hoy miramos al Jordán y escuchamos la voz del Padre. Vemos al Hijo que se humilla y al Espíritu que desciende. Aquí está nuestro Dios, actuando para salvar. Pidámosle que nos aferremos a Cristo, volvamos a nuestro Bautismo y caminemos en la paz que el Señor promete a su pueblo.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 

Amén. Dios los bendiga, y recuerden. ¡¡Sólo Dios Salva!!


Segundo Domingo después de Navidad - Dios se hizo hombre para salvar a los hombres



04 de enero de 2026

Segundo Domingo después de Navidad.


Director del servicio: Emilio Jesús Moreno


Lecturas: Salmo 147:12–20; Jeremías 31:7–14; Efesios 1:3–14; Juan 1:1–18


Tema de Hoy: Dios se hizo hombre para salvar a los hombres

Todavía estamos celebrando la Navidad. El mundo ya ha pasado página: las luces se apagan, la música cesa, y la rutina vuelve. Pero la Iglesia permanece contemplando un misterio que no se agota en una sola noche: el Verbo eterno se hizo carne y habitó entre nosotros.

Este Segundo Domingo después de Navidad nos invita a mirar más profundamente quién es ese Niño nacido en Belén y qué significa su venida para nosotros hoy.

El Dios que habla a su pueblo

El Salmo 147 nos recuerda que Dios no es un dios silencioso ni distante. “Él envía su palabra a la tierra; veloz corre su palabra”. El Señor habla, actúa y gobierna por medio de su Palabra. A Israel le dio sus estatutos y mandamientos, algo que no concedió a otras naciones.

Pero aquí la Ley nos confronta. Porque aunque Dios ha hablado con claridad, su pueblo, entonces y ahora,  muchas veces no ha escuchado.

Hermanos, Dios nos ha dado su Palabra santa, pero la hemos ignorado, relativizado o subordinado a nuestras propias opiniones. Hemos preferido nuestras voces a la suya.

La Navidad no es solo una historia tierna; es también un juicio: Dios vino al mundo, y el mundo no le recibió.

Un pueblo en exilio que es reunido

Jeremías 31 nos sitúa en un momento de profundo dolor. Israel está en el exilio, disperso, humillado, cargando las consecuencias de su pecado. Sin embargo, Dios habla palabras inesperadas: “El que esparció a Israel lo reunirá”.

Hermanos, el Señor no abandona a su pueblo. Él promete consuelo, restauración y abundancia. “Cambiaré su duelo en gozo”. No porque el pueblo lo haya merecido, sino porque Dios es fiel a sus promesas.

Este pasaje apunta más allá del retorno físico del exilio. Apunta a una restauración mayor, definitiva: la venida del Mesías, que reúne no solo a Israel, sino a todos los pueblos.

Bendecidos antes de la fundación del mundo

El apóstol Pablo, en Efesios, eleva nuestra mirada aún más. Nos dice que en Cristo fuimos bendecidos antes de la fundación del mundo, elegidos, adoptados, redimidos por su sangre.

Hermanos, aquí desaparece toda jactancia humana. Nuestra salvación no comienza en el pesebre, ni siquiera en la cruz, sino en el eterno consejo de Dios. Todo es gracia. Todo es don. Todo es “para alabanza de su gloria”.

La Navidad no es el inicio del plan de Dios, sino su cumplimiento visible.

El Verbo eterno se hizo carne

Y entonces escuchamos el majestuoso prólogo de Juan: “En el principio era el Verbo”. Antes de María, antes de Belén, antes de la creación, Cristo ya era. Él no comienza a existir en Navidad; simplemente entra en nuestra historia.

Hermanos, el Verbo se hizo carne. No apariencia. No símbolo. Carne real. Vida humana real. Dolor real. Tentación real. Muerte real.

Aquí está el corazón, el centro del Evangelio navideño: Dios se hizo hombre para salvar a los hombres.

Pero Juan no oculta la tragedia: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. El rechazo a Cristo no es solo un problema del pasado. Es una realidad presente. Nuestro pecado aún resiste su señorío.

Hijos de Dios por gracia

Sin embargo, el Evangelio resplandece con fuerza: “Mas a todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. No por herencia humana, no por decisión personal autónoma, sino por Dios.

Hermanos, esto es pura gracia. En Cristo, Dios nos adopta, nos da un nuevo nombre, una nueva identidad. Ya no somos huérfanos espirituales ni exiliados sin esperanza. Somos hijos amados del Padre.

Juan lo resume con palabras gloriosas: “De su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”. No una gracia que se agota, sino una gracia que fluye constantemente desde Cristo hacia su Iglesia.

Navidad continúa hoy

Queridos hermanos, este Segundo Domingo después de Navidad nos recuerda que Cristo sigue habitando entre nosotros. No lo vemos envuelto en pañales, pero lo encontramos donde Él ha prometido estar: en su Palabra, en el Bautismo, en la Santa Cena.

El Verbo hecho carne sigue viniendo a nosotros con perdón, vida y salvación. En medio de un mundo que corre rápido y olvida pronto, la Iglesia permanece recibiendo “gracia sobre gracia”.

Oremos

Te alabamos Señor, como dice el salmo, porque nos ha dado tu Palabra, no escrita solamente, sino encarnada. En Cristo tenemos luz en la oscuridad, consuelo en el exilio y vida eterna más allá de la muerte.

Que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. 

Amén. Dios los bendiga, y recuerden. ¡¡Sólo Dios Salva!!


Primer Domingo después de Navidad - Proteger al Niño Dios



28 de diciembre de 2025

Primer Domingo después de Navidad .

Director del servicio: Emilio Jesús Moreno


Lecturas: Salmo 148; Isaías 63:7-9; Hebreos 2:10-18; Mateo 2:13-23 

Tema de hoy: Proteger al Niño Dios.

La reflexión para el día de hoy, que corresponde al primer servicio después de la Navidad, en esta oportunidad podremos observar con emoción, como a cada paso del relato, Dios actúa para proteger al Niño Dios, quien ha nacido para poder cumplir su plan de salvar a la humanidad.

El evangelista nos dice: que luego de marcharse los magos que habían llegado del oriente, un ángel apareció a José y le dijo que huyera hacia Egipto, ya que Herodes buscaría al niño para asesinarlo. Este gobernante no quería competencia en su reinado y mucho menos alguien que viniera a sublevar a sus súbditos.

Por otra parte, de nuevo debemos notar la obediencia de José para con su creador; el ángel promete avisarles cuando el peligro haya pasado, y veremos que efectivamente lo cumplirá, porque Dios tiene excelente memoria (en Él no hay olvido) y siempre cumple sus promesas.

Hermanos, ¿puede hablarnos Dios, nosotros escucharlos y a continuación obedecer o seguir las instrucciones de Dios para nuestras propias vidas? ¿Por cuál medio nos habla Dios hoy en día? En la Carta a los hebreos capítulo 1 versículos 1-2, podemos leer y aprender: «En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora, en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo…» Pues hermanos, al leer los evangelios, debemos estar convencidos y confiados que es Jesús quien nos habla. Hermanos, ¿leemos los evangelios de Nuestro Señor Jesucristo con regularidad y devoción, sabiendo que es Dios mismo quien nos habla?

Herodes en su enojo y prepotencia, al verse engañado por los sabios orientales, ordenó que dieran muerte a todos los niños cuyas edades fueran inferior a dos años.

Con esta matanza que dio pie a la celebración del día de los Santos Inocentes cada 28 de diciembre, se cumplía la profecía de Jeremías capítulo 31 versículo 15: «Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron».

Hermanos, ¿conocemos líderes de todas las clases y tendencias sobre este mundo que se sienta eclipsado por la luz preciosa de Jesucristo y por ello cada día tratan de aniquilarlo? Cada vez que las personas que están en eminencia, se muestran complacientes con iniciativas contrarias al evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, lo persiguen para matarlo, al igual que hizo Herodes en su tiempo.

Llegó Herodes al fin de su vida y, Dios se acordó de la Santa Familia y le dijo a José, que había cesado el peligro y que marcharan a la tierra de Israel.

En lugar de Israel, José siendo avisado que gobernaba en Judea Arquelao, el hijo de Herodes, decidió llevar su familia a la región de Galilea y habitaron en la ciudad de Nazaret, para que se cumpliera la profecía de que Jesús habría de ser llamado nazareno.

Oremos:

Señor Dios de cielo y tierra, haznos entender que tu dispones todos los elementos y recursos, para que el cumplimiento de la salvación que es en Cristo Jesús tenga lugar en la humanidad.

Amén. Dios los bendiga, y recuerden. ¡¡Sólo Dios Salva!!


Cuarto Domingo de Adviento - Un Santo Silencioso



21 de diciembre de 2025

Cuarto Domingo de Adviento.

 

Director del servicio: Emilio Jesús Moreno

 

Lecturas: Salmo 80:1-7, 17-19; Isaías 7:10-16; Romanos 1:1-7 Mateo 1:18-25 

Tema de hoy: Un Santo Silencioso

La reflexión para el día de hoy, cuarto servicio de Adviento, nos hace reflexionar sobre cómo Dios cambió los planes y el pensar de José de Nazaret, en relación al maravilloso evento que él junto con María tendrían que acoger en sus vidas.

En los evangelios se menciona muy pocas veces, sobre la vida y obra de San José, cuando se nos relata la forma en que se produjo el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. En esta oportunidad, Mateo honra la memoria y ministerio de este santo patriarca.

San Mateo nos dice que: estando ya casados José y María, antes que consumasen su unión, resultó que María estaba embarazada del Espíritu Santo; mas él, no lo sabía, y como era un hombre consciente del daño que le produciría a María dentro de la comunidad el hecho de revelar la situación de su estado de gravidez, quiso marcharse secretamente sin mayores problemas. El hecho de que José quisiera irse sigilosamente, era un acto de amor hacia su María, ya que, de saberse acerca de su embarazo, sería condenada a muerte por adultera tal como podemos leer en el libro de Levítico 20:10.

Debemos considerar que José no ha sido valorado con la grandeza que debería. Para muchos viene a ser como un santo silencioso; pero de este mutismo que podríamos apreciar en este personaje también hay una enseñanza que muchos deberíamos considerar.

Antes de divorciarse secretamente de su esposa, se le aparece en sueños un ángel, no se dice su nombre; mas sería correcto pensar que se trataba del ángel Gabriel. El mensajero de Dios le dice que no tema unirse y recibir a María, porque el ser que se está formando en el vientre de tu esposa, ha sido engendrado por el Espíritu Santo. Seguidamente, le indica que será un varón que llevará por nombre Jesús, que significa «Salvador».

De las palabras del enviado se develan las profecías de Isaías 7:14, las cuales hemos leído hoy: «Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel».

Nos sigue relatando el evangelista que, una vez se despertó José, siguió las instrucciones del ángel que Dios le había enviado, y aceptó a su esposa; pero, se abstuvieron de consumar su unión hasta que hubo nacido su hijo primogénito a quien llamaron Jesús.

Hermanos, lo que nos trae San Mateo, no es una simple versión más sobre el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, sino, el drama que vive un hombre moralmente cabal y honrado como el que más, quien se entera que su esposa está embarazada, sin que ellos hubiesen tenido relaciones conyugales; su dilema debió ser aterrador, tal vez se imaginaba, por un lado, la deshonra que representaría para él ante la comunidad, y por otro lado, sentirse culpable de la muerte por lapidación a la que sería sometida su bien amada María.

José, hijo de David, padre de Jesús, nuestro Salvador, sí, a él, al igual que a María se le encomendó el cuidado, educación y protección del niño Dios, sí, ese mismo cuyo nacimiento celebraremos dentro de una semana, que esperamos con ansias; pero con paz inigualable en su segunda venida.

Hermanos, reconozcamos en José un hombre ejemplar, cuya honradez y discreción debe ser emulada por todos nosotros, cuando se nos asignan responsabilidades que, tal vez, nuestras flaquezas en la fe, no nos permiten afrontar con valentía y éxitos.

Hermanos, desde hoy, veamos con reflexión a José junto a su amada María y a nuestro Salvador Jesucristo, como modelo para hombres y mujeres de santa sujeción a los mandatos y designios de nuestro Dios Padre.

Oremos:

Señor Dios Padre, guíanos en este tiempo de adviento, a seguir el ejemplo de nuestro santo patriarca José, y a someternos a las maravillosas responsabilidades que tengas a bien asignarnos, tanto para nosotros como para el cumplimiento de tu voluntad sobre el mundo que tú has creado.

Amén. Dios los bendiga, y recuerden. ¡¡Sólo Dios Salva!!