26 de abril de 2026
Cuarto Domingo de Pascua.
Director del servicio: Emilio Jesús Moreno Rojas
Lecturas: Salmo 23; Hechos 4:1-12; 1 Juan 3:16-24; Juan 10:11-18
Título: El Pastor de la Exclusividad y el Amor Verdadero
Gracia, misericordia y paz sean a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.
Introducción: El Domingo de "Misericordia Domini"
Hermanos en Cristo, hoy celebramos el Cuarto Domingo de Pascua, conocido tradicionalmente en la cristiandad como el Domingo del Buen Pastor. Tras el estruendo de la tumba vacía y las apariciones de Jesús, la Iglesia nos detiene hoy frente a una imagen de ternura, pero también de una autoridad absoluta.
Hoy, las Escrituras nos presentan una paradoja que el mundo no puede entender: un Pastor que es tan humilde que muere por sus ovejas (Juan 10), pero tan exclusivo que declara ser el único nombre bajo el cual el ser humano puede encontrar salvación (Hechos 4). Este no es un pastorado de sentimientos vagos; es un pastorado de sangre, verdad y acción (1 Juan 3).
-La Voz del Buen Pastor: Sacrificio y Propiedad (Juan 10:11-18)
El Evangelio de hoy comienza con una declaración de identidad que cambia el destino de la humanidad: "Yo soy el buen pastor". Para entender la profundidad de esto, debemos mirar el contraste que Jesús hace con el "asalariado".
La Ley en el Texto: El asalariado no es el dueño de las ovejas. Cuando ve venir al lobo, huye. ¿Quién es el asalariado en nuestras vidas? Son todos aquellos sistemas, ideologías o falsos maestros que nos prometen cuidado mientras todo va bien, pero que nos abandonan cuando el "lobo" de la enfermedad, la muerte o la culpa aparece. El asalariado nos ve como un negocio; el pecado nos ve como una presa. La Ley nos muestra que, por nosotros mismos, somos ovejas descarriadas y expuestas a los lobos del mundo.
El Evangelio en el Texto: Jesús dice: "El buen pastor su vida da por las ovejas". En el mundo antiguo, un pastor moría por accidente defendiendo al rebaño; Jesús muere por consentimiento y decisión propia. Él no pierde la vida; Él la pone. Aquí está el corazón de nuestra fe: Tu Pastor no huyó cuando vio venir al lobo de la muerte y del juicio de Dios sobre el pecado. Él se puso en medio. Él recibió las dentelladas que nos correspondían a nosotros. La resurrección que celebramos en esta Pascua es la prueba de que el Pastor que puso su vida, tuvo el poder para volverla a tomar. Ahora, tú no eres un "huérfano espiritual"; eres propiedad comprada a precio de sangre.
-La Exclusividad de la Roca: No hay otro Nombre (Hechos 4:1-12)
Si el Evangelio nos muestra el corazón del Pastor, el libro de Hechos nos muestra su autoridad. Pedro, lleno del Espíritu Santo, se encuentra ante los mismos líderes que condenaron a Jesús. Su mensaje no es un mensaje de "tolerancia religiosa" moderna; es un mensaje de una exclusividad con un carácter tajante.
"En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos".
La Confrontación: El mundo se ofende ante esta declaración. El mundo prefiere muchos caminos, muchas "verdades" y muchos nombres; Pero Pedro es claro: la piedra que los constructores desecharon (Jesús) ha venido a ser la cabeza del ángulo.
Aplicación: Si el Salmo 23 dice "Nada me faltará", es precisamente porque tenemos al único que puede proveerlo todo. Si hubiera otro nombre que pudiera salvarnos, Cristo habría muerto en vano. La exclusividad de Jesús no es un acto de arrogancia de la Iglesia; es un acto de misericordia de Dios. Él nos ha dado un camino seguro, una roca firme, un nombre que sí responde cuando el abismo de la eternidad se abre frente a nosotros.
-El Consuelo del Rebaño: El Salmo de la Confianza (Salmo 23)
Cuando Hechos 4 nos asegura que Cristo es el único nombre, el Salmo 23 se convierte en nuestra canción de cuna y nuestra marcha de guerra. "El Señor es mi pastor; nada me falta".
El Valle de Sombra: El salmista no dice que no pasaremos por el valle de sombra de muerte; dice que no temeremos. ¿Por qué? Porque el Pastor que Juan 10 describe ya pasó por ese valle antes que nosotros y lo dejó iluminado con su resurrección.
La Mesa ante los Enemigos: En medio de un mundo que nos ataca, el Pastor prepara una mesa. Para nosotros, como cristianos, esa mesa es el altar. En medio de nuestros pecados y debilidades, Él nos da su propio cuerpo y sangre para fortalecernos. Tu Pastor no solo te guía; Él te alimenta con su propio ser.
-La Práctica del Rebaño: Amar de hecho y en verdad (1 Juan 3:16-24).
¿Cómo responde una oveja que ha sido salvada por tal Pastor? San Juan nos lo dice en la segunda lectura: "En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos".
Amor sin sentimentalismo: Juan nos llama a salir de la religión de las palabras. "No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad".
La Ley en la Epístola: Si ves a tu hermano tener necesidad y cierras contra él tu corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en ti? Esta pregunta nos sacude. A menudo somos ovejas que queremos todo el cuidado del Pastor, pero mordemos a las otras ovejas del rebaño. La Ley expone nuestro egoísmo.
El Evangelio en la Epístola: Pero Juan nos da un consuelo inmenso: "Pues si nuestro corazón nos reprende, Dios es mayor que nuestro corazón". Incluso cuando fallamos en amar perfectamente, nuestra salvación no depende de la perfección de nuestro amor, sino de la perfección del amor de Cristo. Porque somos amados, ahora somos libres para amar al prójimo sin esperar nada a cambio.
Hermanos, este Cuarto Domingo de Pascua nos deja con una certeza absoluta. No estamos a la deriva. No somos mercancía de asalariados. Somos el rebaño del Dios vivo.
Escucha Su Voz: En un mundo de mil ruidos y nombres que prometen felicidad, vuelve al único nombre (Hechos 4). Lee su Palabra, donde su voz suena clara.
Confía en su Cayado: Si hoy estás en el valle de sombra (Salmo 23), si el dolor o la duda te agobian, mira las heridas en las manos de tu Pastor (Juan 10). Esas heridas son el recibo de que ya pagó por ti.
Refleja su Amor: Mira a quien tienes al lado. Pon tu vida en pequeñas cosas hoy: una palabra de aliento, una ayuda material, un perdón no solicitado (1 Juan 3).
El Buen Pastor ha resucitado. Él te conoce por tu nombre. Él te llama su hijo. Él te lleva a pastos delicados que este mundo no puede ni imaginar.
Que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en el único nombre: Cristo Jesús. Amén.
Oremos
Oh Señor Dios, Pastor eterno de nuestras almas, Te damos gracias porque no nos dejaste a merced de los lobos ni del pecado. Gracias por enviar a tu Hijo, el Buen Pastor, a poner su vida por nosotros en la cruz y a tomarla de nuevo en la resurrección.
Te pedimos por tu Iglesia. Concédenos confesar con valentía que no hay otro nombre bajo el cielo en el cual podamos ser salvos. Danos fidelidad para escuchar solo tu voz y no seguir a los asalariados que buscan su propio interés.
Señor, fortalece a los que hoy caminan por valles de sombra, enfermedad o duelo. Que tu vara de pastor les infundan nuevo aliento. Y a nosotros, que formamos tu rebaño, enséñanos a amarnos los unos a los otros, no de palabra, sino con hechos que glorifiquen tu santo nombre.
En el nombre de Jesús, nuestro Buen Pastor, oramos
Amén. Dios los bendiga, y recuerden. ¡¡Sólo Dios Salva!!


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