23 de Agosto de 2026
Decimotercer domingo después de Pentecostés.
Director del servicio: Emilio Jesús Moreno Rojas
Lecturas: Salmo 138; Isaías 51:1-6; Romanos 12:1-8; Mateo 16:13-20
Título: La identidad de Dios, la identidad de la Iglesia de Jesucristo.
Estimados Hermanos en Cristo, siendo hoy el decimotercer domingo después del día de pentecostés, tenemos una predicación que espero nos sirva de ejemplo para nuestro diario vivir.
Son los ejemplos de una promesa cumplida, las declaraciones seculares por un lado y la evidencia propia de Dios declarando que Jesús es el Hijo del Dios viviente.
Para poner las lecturas de la Palabra de Dios en orden y que nos sean de edificación y ulterior provecho a todos, vamos a ir desglosando lo que el leccionario nos asigna en el día de hoy; pero primero quiero hacer un paréntesis de una reflexión que hacía alguien en la radio, que por normal lo tomamos como sobreentendido, y es el carácter y naturaleza de la Biblia. El locutor decía algo como: por el hecho de ser la Biblia un libro que suele reposar en una biblioteca, muchas han sido las personas que le dan la misma categorización de los demás libros y, como máximo valor solo logran nivelarlo a los libros de los grandes filósofos de todos los tiempos. El ser humano en su diario vivir, perteneciendo o no como miembro a una iglesia en específico, también incurre en este error de apreciación y valoración.
Cualquiera de nosotros que quiera aprender bien alguna profesión, oficio o manualidad, muchas veces ha optado por comprarse un libro o una guía atinente a la materia deseada. El autor del material adquirido en la librería es quien te habla, te enseña y, tal vez vuelves al libro una y otra vez para repasar los conocimientos. Llevas el libro contigo, los colocas en la mesa de noche, de copiloto en tu auto y así vives apegado a tu literatura porque sientes que el autor te está nutriendo y te haces más conocedor.
Con la Biblia debemos entender que la escribieron varios personajes a lo largo de los siglos; mas fue inspirada en la sapiencia y voluntad de Dios Todopoderoso, quien les guió fielmente en su escritura. Es aquí donde tenemos que forzosamente entender que la Biblia es la Palabra de Dios, y que ella tiene el poder sobrenatural de crear la fe en nuestras vidas, porque es el Espíritu Santo quien nos habla por medio de ésta. De lo anteriormente señalado, podemos decir que es inutil decirle a alguien que tenga fe si no ha conocido de Dios por medio de su Palabra.
Bueno, esta era una introducción propicia para entender que en Isaias, Dios nos invita a recordar su fidelidad histórica y salvación eterna preparada desde el comienzo de los siglos en nuestro Señor Jesucristo. En Abraham, cuando y donde no existía esperanza de una descendencia, Jehová la creó de la nada. Mi justicia será la luz de los pueblos, dice nuestro Señor, refiriéndose claramente a Jesús, quien es la luz y justicia para la humanidad caída.
El Salmo 138 nos dice que Dios en su fidelidad responde a los humildes. En la actualidad y para muchos, el hecho de que Jesús escogió las personas más humildes de su época, pescadores, constituye una pérdida de tiempo y nada agradable; piensan que Jesús debió relacionarse con los príncipes y reyes, sin reparar en que el Salmo expresa: Señor, que todos los reyes de la tierra te alaben al escuchar tu Palabra.
Lo anterior sucede porque, al leer un libro escrito por humanos acoplamos lo leído fundamentado en criterios equiparables a los nuestros y, al leer la Biblia, queremos continuar aplicando estos patrones de valoración, sin detenernos a pensar en la naturaleza de quien la escribió, Dios, Todopoderoso, creador de los cielos y de la tierra, de todo lo visible e invisible, como lo confesamos con propiedad en nuestro Credo.
En el evangelio de Mateo podemos apreciar la plena identificación de que Jesús es el Hijo de Dios.
A todos, sin temor a equivocarme, nos gusta que nos identifiquen bien. Vamos a ver. Cuando estamos haciendo una diligencia para realizar un trámite en una dependencia pública y, vemos al mal encarado funcionario que nos atiende, que luego de tomar nuestra identificación y revisar en su base de datos mueve la cabeza en señal de negación, en ese preciso momento empezamos a inquietarnos al sospechar que algo anda mal con nosotros. Al rato escuchamos: qué va, lo siento mucho pero usted no aparece en el sistema, es ahí cuando nos damos cuenta que hemos perdido como mínimo, el tiempo en trasladarnos hasta ese lugar. Y, ¿cuando la historia con su desenlace es lo contrario? ¿Cómo nos sentimos, qué pensamos?
En nuestro pasaje Bíblico de hoy observamos algo similar: Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús pasa a interrogar a sus discípulos en lo relacionado a qué decían los pobladores acerca de su identidad, uno a uno o al unísono van diciendo que: unos dicen que eres Juan el Bautista; otros dicen que eres Elías; y otros que eres Jeremías o alguno de los profetas (a este punto es correcto recordar que como cristianos creemos que el hombre a de morir una vez y luego vendrá el juicio; por tanto no creemos en reencarnaciones), ellos están diciendo y profesando las creencias judías de resurrección y el retorno profético de ese tiempo y nada más allá.
Ahora bien, dice Jesús: y ustedes, ¿quién creen que soy yo? a lo que Pedro, saliendo al paso con inmediatez, responde: !Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!
Jesús le contestó, y creo que lleno de gozo: Bienaventurado eres, porque no te lo reveló ningún ser mortal, sino mi Padre que está en los cielos.
Y luego Jesús le declara que sobre esta fe que ha mostrado, la cual no proviene de sí mismo sino de Dios, él, Jesús, edificará su Iglesia y las puertas del Hades, es decir del infierno, no podrán vencerla.
Al igual que ante el llamado de Jesús, los discípulos lo siguieron inmediatamente, Pedro confiesa a Jesús como Hijo de Dios de manera inmediata; queda por pensar que: ¿las persona deben reaccionar con esa misma premura ante la predicación del evangelio y la confesión de Jesús como verdadero Dios? Creo que deberíamos ver este proceder como la excepción, ya que la naturaleza pecaminosa del ser humano, en la mayoría de las oportunidades va a tratar de resistirse, tanto a seguir a Jesús como a confesarlo como su Señor y redentor, echando mano al libre albedrío que corresponde a todo humano. No confundamos que acciones inmediatas corresponden a una fe genuina per se, por que el enemigo a veces se esconde detrás de esto para lograr sus objetivos de malignidad dentro de la misma Iglesia de Cristo.
Estemos atentos, siempre evangelizando con la Palabra de Dios y con el ejemplo. Y tengamos presente Mateo 10:16, sean pues prudentes como serpientes y sencillos como palomas.
Oremos:
Padre eterno de gloria y majestad. Haz que en nuestros corazones y mentes estemos atentos a declarar que Jesús es el Hijo de Dios y, que por ser Hijo no es inferior al Padre, sino conformante de la Santa Trinidad en el Dios Uno y Trino. Padre, Hijo y Espíritu Santo, siempre un solo Dios por los siglos de los siglos.
Amén. Dios los bendiga, y recuerden. ¡¡Sólo Dios Salva!!


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